martes, junio 09, 2009

Una dosis de realismo y no precisamente mágico / Olga Ramos

Ninguna polaridad se resuelve en el mismo nivel de consciencia que se genera.

Carl Jung


En estos días, quizá los más difíciles de sus vidas para algunos, es casi inevitable pensar que ahora si tocamos fondo, que nada puede empeorar y que, en el momento menos pensado, ocurrirá algo, el tan ansiado milagro, que pondrá remedio definitivo a la espantosa crisis que el país está sufriendo. Se trata de una reacción absolutamente natural que emana de nuestros más profundos deseos, expresa nuestra resistencia a asumir lo que efectivamente nos está sucediendo, y a asimilar los cambios que, de facto, Venezuela ha experimentado.

Sin embargo, aunque no nos guste, sabemos que la mayoría de las evidencias señalan precisamente lo contrario, que estamos al comienzo de un período en el se profundizará la crisis en todas sus dimensiones, en el que la polarización y las agresiones seguirán en aumento, así como lo hará la inseguridad, y en el que seguirá disminuyendo notable y progresivamente la calidad de nuestras vidas. Es decir, vamos en caída libre, p’abajo y en picada. Decir esto no debe ser muy bien visto que se diga, pero no decirlo resulta realmente ingenuo.

El día en que se nos vuelen los tapones[1]

Un panorama como éste, hace que sintamos una presión a la que la mayoría no estamos acostumbrados, a la que seguramente y con sobrada razón, nos revelamos y que muchas veces también nos hará cuestionarnos sobre nuestra capacidad de supervivencia ante lo que estamos viviendo. En ciertas ocasiones, y con este cuestionamiento en mente, no podemos evitar echar la mirada atrás y recordar a quiénes los rebasó la magnitud de la crisis y desafortunadamente ya no nos acompañan. Y es que a pesar de la creencia popular que dice que la vida no te pone en situaciones que no estés en capacidad para enfrentar y superar, cuando nuestras vidas entran en crisis, por la razón que sea, no siempre se cumple esta premisa.

Así, haciendo un rápido y doloroso inventario, recordamos a los amigos que desarrollaron una inesperada e incurable enfermedad, muriendo por ella; a otros, que no llegaron a manifestar enfermedad alguna pero murieron de un infarto; también a quienes en menor cuantía, en un acto imposible de calificar, se quitaron la vida; y finalmente, a otros, los menos afortunados, aquellos que, aunque no llegaron a morir, tampoco nos acompañan, porque, de hecho, nos abandonaron cuando se les “volaron los tapones”, o se dedicaron al alcohol, o a las drogas.

Menuda fauna, diría mi padre, pero lo cierto es que todos ellos eran unos personajes interesantes, grandes apasionados por la vida y por el país, algunos más pasionales y otros más ponderados, pero la mayoría dotados de una excepcional inteligencia. A todos ellos, con mayor o menor frecuencia, estoy segura que muchos los extrañamos y aunque no estamos muy conscientes de ello, también sentimos que, literalmente, esta crisis les arrebató la vida y seguramente nos preguntaremos, en algunas ocasiones, cuantos de nosotros correremos con la misma suerte y a cuántos también se nos podrían volar los tapones.

El sino de la exclusión o cuando la exclusión no cambia de signo

Obviamente, este panorama no estaría ni remotamente completo si no decimos también que para muchos, extranjeros y venezolanos, habitantes de este país, no son precisamente éstos los días más difíciles, que quiénes habitan en algunas zonas rurales solamente han experimentado el olvido y la pobreza a lo largo de sus vidas, y que en muchas otras zonas rurales y urbano-marginales, las situaciones difíciles han constituido el sino con el que se teje su cotidianidad desde hace más de dos décadas, cuando comenzamos a percibir, con rudeza, los indicios de esta crisis.

Así es, por mucho que algunas personas perciban con desespero los embates de esta crisis sólo en los últimos años, tenemos que reconocer su existencia previa y asumir, de una vez por todas, que lo que hoy experimentamos, no es más que su profundización y extensión a otros grupos sociales y, en última instancia, la consecuencia de haber permitido que nos convirtiéramos en una sociedad altamente excluyente, que no supo atender a la crisis que sufría en diversas dimensiones. Una sociedad que tenía un aparato productivo poco robusto, en el que muchas de las empresas dependían de la intervención del Estado para ser exitosas; en la que comenzaron a hacer mella los valores, al punto de llevarnos a incluir expresamente su enseñanza en las escuelas; y en la que el sistema judicial era muy poco eficiente. Una sociedad constituida en su mayoría por indolentes habitantes, en la que “los ciudadanos ejemplares” eran las honrosas excepciones, en la que el ventajismo o la tristemente elogiada “viveza del venezolano” se consideraba una de las características con la que mejor se identificaba nuestra idiosincrasia, en la que “las leyes” se hacían “para violarlas”, en la que los desacuerdos con la autoridad se respondían con actitudes derivadas de la premisa que nos acompaña desde los tiempos de la colonia, “se acata pero no se cumple”, todos éstos rasgos propios de una institucionalidad bastante débil.

Se trataba de una sociedad en la que la dirigencia política se fue alejando progresivamente del pueblo, el clientelismo se convirtió en el mecanismo por excelencia para garantizar la filiación de la gente a los partidos, los partidos se dedicaron a colonizar todos los espacios de participación ciudadana para garantizar su control, el Estado no existía más allá del gobierno, las malas prácticas y la ausencia de controles comenzaron a borrar la línea que garantizaba la separación de los poderes y a dar campo abierto a la corrupción. En esta sociedad poco se valoraba el trabajo y el desempeño, las decisiones de políticas públicas podían estar bastante alejadas de los criterios técnicos y se apreciaba un incipiente profesionalismo en la función pública.

Esta sociedad altamente excluyente en la que nos convertimos, además, veía a la pobreza como un problema a resolver y no como una característica indeseable del sistema que requería, para dejar de formar parte del mismo, un profundo cambio en las reglas del juego en lugar de las reiteradamente utilizadas medidas “remediales” o compensatorias que lo único que lograban era correr la arruga.

Los agregados “revolucionarios”

Esta es la base, el punto de partida con el que iniciamos la mal llamada experiencia “revolucionaria” que hemos vivido durante estos últimos 10 años. Experiencia que, a pesar replicar de forma magnificada los problemas y errores que veníamos acumulando y agregar muchos otros, abrió un espacio de inclusión para un gran porcentaje de la población que, de otra forma, nunca hubiese tenido oportunidad de sentirse incluida. Claro está, esta inclusión, en gran medida, es más afectiva y emocional que efectiva y más efectista que eficaz, dado lo temporal y endeble de los mecanismos que la sustentan.

Sin embargo, la apertura de este espacio de inclusión, independientemente de sus problemas de eficacia, no ha contribuido a la disminución del carácter altamente excluyente de nuestra sociedad, ya que, paralelamente a su apertura se aplicaron nuevos mecanismos de exclusión mucho más abrasivos y violentos que los que existían previamente; mecanismos fundamentados en la filiación política, con los que se amplió la base de exclusión social, económica y política, al afectar a un amplio grupo de personas, anteriormente incluidos, por el sólo hecho de que, puntual o permanentemente, ejercieron su derecho a disentir, a pensar diferente y en última instancia, se negaron a asumir una actitud de sumisión política frente al centro del poder.

En esta profundización de la crisis, acompaña al aumento de la exclusión y de muchos de los problemas previamente existentes, la aplicación de una estrategia indiscriminada destrucción institucional y la utilización de la polarización política, como mecanismo para garantizar el control total del poder por el grupo que gobierna. Esta polarización y es necesario también reconocerlo, ha calado profundamente en la sociedad, permitiendo que emerjan características poco agradables y para algunos desconocidas o ignoradas, de nuestra idiosincrasia, características como el clasismo, el racismo, la xenofobia, pero sobre todo, el resentimiento.

Es imperioso un cambio de consciencia

Este es el país que actualmente tenemos y frente a él, algunos se niegan a asumir que el cambio, en muchos aspectos, ya se ha hecho efectivo; que, nos guste o no, la sociedad tiene nuevas propiedades que han emergido de facto, que están ahí y están para quedarse, a menos que hagamos algo para que emerjan nuevas propiedades, las que efectivamente queremos para Venezuela, y que en muchos casos, si nos atrevemos a asumir como cierta la situación base anteriormente descrita, entenderemos que las mismas serán nuevas porque no se encontraban realmente presentes en el pasado inmediato. En otras palabras, la Venezuela que vemos es la que tenemos, ella es solamente la evolución de la que tuvimos y que no quisimos ver como era en todas sus dimensiones y sólo podremos tener otra, como la que soñamos, cuando seamos capaces de reconocer que así es, y en consecuencia de trabajar persistente e incansablemente para construirla.

El primer paso, entonces, para poder enrumbarnos hacia la efectiva salida de la crisis, es aumentar nuestra consciencia sobre lo que aconteció y acontece, así como, darnos cuenta de que a lo largo de estos 10 años, hemos pasado más tiempo paralizados por el miedo o dedicados a evitar la destrucción de lo que teníamos y apreciábamos, que realmente concentrados en la construcción de una Venezuela diferente, una Venezuela cimentada en la inclusión. Este aumento de consciencia nos permitirá ponernos efectivamente en los zapatos del otro, de todos los anteriormente excluidos, y viendo más allá de lo obvio, profundizar en la comprensión y transformación de las creencias y las prácticas que sirvieron de base para lo que actualmente tenemos.

Solamente si asumimos que el país que vemos es el que tenemos y no otro, podremos avanzar en su reconstrucción, porque entenderemos que el mal llamado proceso “revolucionario” y todas las aberraciones que ha producido desde el poder, están cimentadas en las creencias y malas prácticas de nuestro pasado. Asumirlo, es el primer paso para poder trabajar en cambiarlo, ya que, su caracterización nos indica el signo de las cosas que no queremos reproducir.

Olga Ramos

08-09 de junio de 2009



[1] Un inciso dedicado con todo mi cariño a quiénes, por razones políticas, ya no nos acompañan, en especial al amigo Jorge Larrazabal, quién nos acompañó durante varios años como miembro de Asamblea de Educación; quién, por sus hijas, también militó en las filas de las organizaciones de padres y representantes, y a quién, lamentable y definitivamente, perdimos la semana pasada después de algunos años de luchar aguerridamente por mantener su salud.

lunes, mayo 18, 2009

Llorá, pero no olvides (Un pequeño homenaje a Mario Benedetti) / Olga Ramos

Querido Mario,

Qué bueno que ya descansas, aunque eso significa que no estás entre nosotros. Qué bueno que, ahora que nos puedes ver desde otra perspectiva, puedes apreciar con mayor detalle y de otra manera, lo que realmente nos acontece. Y qué bueno que exististe, y pusiste tu don al servicio del amor y las buenas causas, bueno, al servicio de las buenas causas, porque el amor, es la más importante de las causas buenas.

Como ya sabes fuiste un gran compañero y hasta un guía en mi vida. Mi Inventario, mejor dicho, mi ejemplar de tu Inventario, está marcado por todas partes, porque tus poemas le dieron expresión a mi mundo, así como, me abrieron la puerta un mundo diferente, desconocido, mundo que, por cierto, en algunas de sus dimensiones, siempre tuve la esperanza de sólo conocer por escritos y películas, pero que hoy, siento que irremediablemente tiene rato invadiéndonos la vida.

Y claro, así como a ti la poesía te permitía exorcizar las penas (Es por muchos conocido que dijiste: "Cuando tengo una preocupación, un dolor o un amor tengo la suerte de poder transformarlo en poesía"), para mí, como es obvio, en muchos momentos, tus versos le dieron expresión a mis sentimientos, pusieron muchísimas veces en mi mente reflexiones, en mi corazón esperanza, sosiego o pasión y en mi boca palabras y versos encantadores, seductores o provocadores, para expresar lo sentido. Tu experiencia y tus penas, hechas poesía, enriquecieron mi experiencia y mi juvenil visión de la vida desde que estaba en la universidad.

Hoy me aprovecho de tu partida para mirar atrás y decantar tus aportes a mi vida y te cuento, que de los muchos poemas que en algún momento me estremecieron y me gustaban y de los que aún hoy me mueven el piso y me gustan, hay tres que recurrentemente aparecen como música de fondo en mi mente. Claro, tienen la ventaja de haber sido convertidos en canción y por eso, además aparecer, a veces, como parte del hilo musical que siempre me acompaña, tengo la fortuna de poder vibrar con la mezcla armónica de los versos y las notas, cantándolos.

El primero, es un poema románico-provocador. El segundo, es el archiconocido, "te quiero", que he tenido el deleite de haberlo cantado en un grupo vocal y en un canto común (lo máximo)... además de cantarlo una vez al oído... Y el tercero, es el que marcó de manera más profunda mi vida, que aún hoy, después de muchos años de hacerlo, lloro cuando lo canto y que contiene un grupo de versos, de los salidos de tu pluma, a los que siempre recurro y que me han ayudado a orientarme en la vida, en especial, cuando he tenido que tomar decisiones difíciles. Se trata de "hombre preso que mira a su hijo". El grupo de versos, al que me refiero, es:

(...)
una cosa es morirse de dolor
y otra cosa es morirse de vergüenza
(...)
uno no siempre hace lo que quiere
pero tiene el derecho de no hacer
lo que no quiere
(...)
porque es mejor llorar que traicionar
porque es mejor llorar que traicionarse
llorá
pero no olvides

Y como ese no es uno de tus poemas más conocidos, creo que corresponde despedirme cantándolo para tí, pero valiéndome de una grabación de Pablo, para que lo puedan escuchar todos: http://www.youtube.com/watch?v=IVsmIIkTcF8

Hombre preso que mira a su hijo
Mario Benedetti

Cuando era como vos me enseñaron los viejos
y también las maestras bondadosas y miopes
que libertad o muerte era una redundancia,
a quién se le ocurría en un país
donde los presidentes andaban sin capanga.
Que la Patria o la tumba era otro pleonasmo
ya que la Patria funcionaba bien;
en las canchas y en los pastoreos.

Realmente, Botija, no sabían un corno,
pobrecitos creían que "libertad"
era tan sólo una palabra aguda
que muerte, era tan sólo grave o llana,
que cárceles, por suerte una palabra esdrújula
olvidaban poner el acento en el hombre.

La culpa no era exactamente de ellos,
sino de otros más duros y siniestros
y estos sí, como nos ensartaron
en la limpia república verbal y cómo idealizaron
la vidurria de vaca y estancieros
y cómo nos vendieron un ejército
que tomaba su mate en los cuarteles.

Uno no siempre hace lo que quiere
uno no siempre puede, por eso estoy aquí,
mirándote y echándote de menos.
Por eso es que no puedo despeinarte el coco,
ni ayudarte con la tabla del nueve
y acribillarte a pelotazos.

Vos sabes bien que tuve que elegir
otros juegos y que los jugué en serio.
Y jugué, por ejemplo, a los ladrones
y los ladrones eran policías
y jugué, por ejemplo, a la escondida
si te descubrían te mataban
y jugué a la mancha y era de sangre.

Botija, aunque tengas pocos años,
creo que hay que decirte la verdad
para que no la olvides, por eso
no te oculto que me dieron picana
que casi me revientan los riñones.
Todas estas llagas, hinchazones y heridas
que tus ojos redondos miran hipnotizados
son durísimos golpes, son botas en la cara
demasiado dolor para que te lo oculte,
demasiado suplicio para que se me borre.

Pero también es bueno que conozcas
que tu viejo calló o puteó como un loco
que es una linda forma de callar
que tu viejo olvidó todos los números,
por eso no podría ayudarte en las tablas
y por lo tanto olvidé todos los teléfonos
y las calles y el color de los ojos,
y los cabellos y las cicatrices
y en qué esquina y en qué bar,
qué parada, qué casa.

Y acordarme de ti,
de tu carita me ayudaba a callar,
una cosa es morirse de dolor
y otra cosa morirse de vergüenza.
Por eso ahora, me podés preguntar
y sobre todo puedo yo responder.
Uno no siempre hace lo que quiere
pero tiene el derecho
de no hacer lo que no quiere.
Llora no más, Botija,
son macanas que los hombres no lloran,
aquí lloramos todos,
gritamos, chillamos, moqueamos, berreamos,
maldecimos, porque es mejor llorar que traicionar,
porque es mejor llorar que traicionarse,
llorar, pero no olvidés.

Olga Ramos
18 de mayo de 2009
olgaramos62@gmail.com

miércoles, mayo 06, 2009

¿Qué hacer en caso de un terremoto? Breve crónica para conciliar el sueño / Olga Ramos

3:00:03 a.m. Un sacudón bate su cama y por un instante, piensa que es una pesadilla, que su subconsciente está recreando, en sueños, una escena del Exorcista.

3:00:06 a.m. Aún sin entender mucho lo que sucede, abre los ojos y progresivamente comienza a escuchar el traqueteo de los cristales y los golpes de los objetos cayendo en su casa. Entonces, se da cuenta de que no es precisamente un sueño. De un salto se sienta en la cama tratando de descifrar de qué se trata, para dar un brinco y ponerse de pié, cuando entiende: ¡coño, está temblando!

3:00:08 a.m. Desesperado mira a su alrededor tratando de recordar dónde puso los pantalones y la camisa que le permitirían salir corriendo cuando temblara. No los ve a mano y trata de correr, pero se enreda con sus zapatos y con las botellas que cayeron de su peinadora. Al pisarlas nota que afortunadamente eran plásticas y sólo se tuerce un pié.

3:00:09 a.m. Casi cayéndose, trata de concentrarse en las recomendaciones que leyó y practicó decenas de veces después del último temblor. Pero su mente es un desastre, no termina de despertarse, y cómo hacerlo, si normalmente necesita silencio y un café para echarla a andar e iniciar el día. Desesperado, mira para todos lados sin lograr aislarse de esos ruidos estruendosos y del pánico que le da haberse despertado, de golpe y porrazo, en medio de un terremoto.

3:00:12 a.m. Aterrado, confundido y orinándose por la angustia, recuerda que muchos de los instructivos leídos sugerían meterse debajo de una mesa, del marco de una puerta o de una buena columna. Mira a su alrededor y descubre que la columna perfecta, la que había seleccionado cuando estudiaba los instructivos, queda al otro lado del pasillo que da al baño. Pasillo que, a esa altura, es intransitable porque el fuerte bamboleo del edificio hizo que se cayera, contra la pared opuesta, la biblioteca que tenía, entre otros, sus libros favoritos de autoayuda. Ahora están la biblioteca atravesada y todos los libros y adornos regados por el piso, obstaculizando el paso.

3:00:14 a.m. Esa escena trae a su memoria las palabras más repetidas por todos los expertos que escuchó en radio y televisión: “lo más importante es nunca perder la calma”. Trata, entonces, de respirar profundo y relajarse. Pero sin lograr vencer el terror que siente por no poder llegar a la columna que le permitiría resguardarse, menta las madres de esos y todos los expertos, pensando en que ninguno dijo cómo carajo se logra mantener la calma, cuando se es despertado por un sacudón y un estruendo de tal magnitud.

3:00:16 a.m. El ruido de la tierra crujiendo y de las cosas cayendo a su alrededor es ensordecedor, lo que aumenta su pánico. Entonces decide retomar su ruta de huida y al tratar de salir corriendo hacia la puerta de su casa, descubre que el camino que, por la insistencia de las recomendaciones de los instructivos, siempre mantuvo despejado para su huida, ahora se encuentra lleno de peroles y muebles que, los bruscos movimientos de la tierra han tumbado y desplazado. En ese momento, como la peor ironía de la vida, recuerda que una de las primeras sugerencias de los instructivos, es “no correr” …como si en esas circunstancias, fuese posible.

3:00:17 a.m. Camino a la puerta, tratando de mantener el equilibro trastocado por el fuerte movimiento que no cesa, y mentando madres por el dolor que le causa atravesar descalzo un piso lleno de peroles y vidrios rotos, se da cuenta que aún está desnudo y recuerda, que, al levantarse, se tropezó con los zapatos y, por la prisa de ponerse al salvo, los dejó olvidados, como su pantalón y camisa.

3:00:19 a.m. Ante el dilema de devolverse a buscar la ropa y los zapatos para no cortarse o seguir despavorido de una vez hacia la puerta, echa mano de algo que pueda ponerse encima y tropezándose con todos los muebles, trata de llegar finalmente a la puerta de la casa. Se corta varias veces las plantas de los pies, pero ni el dolor, ni el miedo, lo hacen desistir de su propósito: salvar su vida.

3:00:22 a.m. Por más ensordecedor que el ruido resulta, se da cuenta de que no logra opacar los gritos de auxilio y de pánico de la gente de la zona, que no había podido procesar hasta ahora. Lo embarga un profundo escalofrío al descubrir que se trata de gritos pidiendo clemencia a Dios, llantos desgarradores y llamadas desesperadas a los seres queridos que, medio del desastre, no logran ver o que aún batallan por ponerse a salvo. En ese preciso momento, le viene como un flash a la memoria, la voz de Francisco Garcés, el presidente de FUNVISIS, diciéndole que recuerde agarrar un pito, que le será de mucha utilidad para llamar la atención de los rescatistas... si queda tapiado.

3:00:24 a.m. Llega a la puerta. Una vez frente a la misma, descubre que el morralito que dejó preparado con los enceres recomendados en los instructivos, quedó atrapado debajo de un sillón que se corrió por el fuerte bamboleo. Trata de agarrar el pomo de la puerta y los movimientos del edificio, aún muy fuertes, lo alejan de su mano. Cuando logra agarrarlo, se da cuenta de que la llave no está pegada a la cerradura, como algunos instructivos recomiendan, y se lleva las manos a la cabeza tratando de pensar donde coño las puso cuando llegó la noche anterior.

3:00:27 a.m. Fija su atención en el piso próximo al lugar donde debería estar el adorno usado para colgar las llaves, las descubre y trata, con la natural torpeza que le dan las circunstancias del momento, de recogerlas. Cuando llaves en mano, pero desequilibrado y trastabillando, logra ponerse de pié y acercarse de nuevo a la puerta, comienzan a repetirse en su mente, las palabras de Chacón, quién en su infinita ignorancia, había afirmado que un sismo, como el de la madrugada del pasado 4 de mayo no volverá a ocurrir ni en mil años. Bueno, razón tenía, este era realmente un terremoto.

3:00:31 a.m. Mientras intenta una y otra vez, introducir la llave de la puerta en la cerradura, ve desesperado que las paredes cercanas y el suelo comienzan a agrietarse.

3:00:32 a.m. Siente que las grietas se agigantan despertando una terrible sensación de vacío bajo sus pies. Finalmente, logra meter la llave en la cerradura y cuando trata de girarla, se da cuenta de que no puede, seguramente porque, como alguien sugirió en algún momento, los bruscos movimientos del terremoto hicieron que se descuadrara todo el sistema y en consecuencia, los barrotes de seguridad se quedaron trabados.

3:00:33 a.m. Trata de gritar para pedir ayuda, pero la desesperación lo ha dejado sin aliento. Entonces, ante tanta impotencia, un dolor desgarrador se apodera de sus entrañas y sin fuerzas, cae al piso.

3:00:34 a.m. Derrotado, se abraza a un mueble, cerrando los ojos y balbuceando el inicio de un “padre nuestro”, pretende ignorar lo inminente…

3:00:36 a.m. Mientras el vacío en la boca de su estómago, presagia la caída, recrea todo lo que hizo para prepararse. ¿Qué hacer en caso de un terremoto? era el título más común de los instructivos leídos y pensó que todos deberían comenzar diciendo: si no muere aplastado, o queda tapiado entre los escombros, cuando pase el terremoto, conserve la calma, no corra, tome el morral que dejó preparado al lado de su puerta, baje por las escaleras y entonces, póngase a salvo.

Olga Ramos
05-06 de mayo de 2009
olgaramos62@gmail.com

miércoles, abril 08, 2009

Contra las cuerdas / Olga Ramos

“Nos tienen contra las cuerdas”: Esta es la imagen que con más claridad ilustra lo que estamos viviendo a raíz de la victoria del “Si” el 15 de febrero pasado. Insultos a granel, negativas ante sus propias propuestas de diálogo, acusaciones sin base que van y vienen, detenciones y sentencias injustas y no apegadas a derecho, medidas por aquí, reversiones de competencias por allá, y agresión e irrespeto a autoridades legítimamente electas a diestra y siniestra, ocasionan una sensación de desesperanza creciente en buena parte de la población. Obviamente, después del golpe directo a la cara propinado con la enmienda que, por la velocidad con la que comenzó el combate y el cansancio generalizado, nos hizo trastabillar y retroceder esquivando el ataque, el gobierno desde diversos frentes, lanza una combinación rápida de jab’s y ganchos con los que logra acorralarnos contra las cuerdas.

Una vez en las cuerdas, parte de estos golpes se propinan desde la Asamblea Nacional que, en el fragor del combate, descubre cuál es el trabajo que le corresponde hacer y entra en una especie de “sobremarcha” legislativa, para ver si se pone al día con el pocotón de leyes con las que está en mora. Claro, su puesta en escena tampoco se caracteriza precisamente por brindar un gran espectáculo pugilístico. Al contrario, como si se tratara de una pelea en un callejón de mala muerte, lanza golpes burdos y toscos, con los que nos brinda un espectáculo lamentablemente triste, en el que “el debate parlamentario” se restringe a intervenciones tan cargadas de insultos, improperios y pases de factura, como carentes de argumentos. A esto se suma el uso de la denominada por ellos, “economía procesal”, que permite a todos los diputados “ahorrar” el tiempo para debatir y contrastar argumentos punto por punto, y sólo queda la esperanza de algunos, de salvar su voto de forma razonada al final del “debate”.

Un “espectáculo” de este tipo pudimos “disfrutarlo” hoy en la segunda “discusión” de la Ley Especial sobre el Régimen del Distrito Capital, con la que se retrocede en la concepción y manejo de la ciudad de Caracas, se fracciona injustificadamente la Capital del país[1] y se establece, de juris, una nueva interpretación del régimen democrático y participativo, en la que éste se entiende como aquel en el se pueden designar a dedo a las autoridades que naturalmente deberían ser electas, desconociendo la soberanía del pueblo. Este adefesio legislativo plantea la coexistencia de un Jefe de Gobierno con atribuciones de Gobernador de Estado y un Alcalde Metropolitano. Obviamente, las neuronas no les dieron a nuestros legisladores para entender la innecesaria complicación que esto implica y poder hacer una Ley que permita realizar un gobierno verdaderamente coordinado e integral para una ciudad tan compleja como Caracas.

Pero lo sancionado no se restringe a retrocesos injustificados, nuevas concepciones que contradicen el espíritu y la letra constitucional y a las mencionadas complicaciones innecesarias. La nueva Ley incluye un artículo en el que se le asigna a esa jefatura, la misma sede que le corresponde a la Alcaldía Metropolitana de Caracas y lo hace sin resolver qué sucederá con esta instancia, por demás, legal y legítimamente instituida, como si se tratara de un problema que correspondiera a otros resolver. Esta disposición constituye una clara provocación de los legisladores y un irresponsable atropello a una instancia cuya autoridad fue colocada por voluntad popular. Se nota claramente que nuestros diputados no legislan para la totalidad de los venezolanos y que no tienen, o no quieren tener, medida de las consecuencias que tendrá el trabajo que mala y tardíamente realizan.

Acompaña este desatino, la amenaza latente de despojar mediante otra Ley especial, en un plazo no mayor de 30 días como reza en el texto de la recién aprobada Ley, a la Alcaldía Metropolitana de los recursos y bienes que hoy le pertenecen y de cambiar la naturaleza al gobierno metropolitano, con la necesaria reforma de la Ley Especial sobre el Régimen del Distrito Metropolitano que se incluye en las disposiciones transitorias del nuevo instrumento legal. Este será el inicio de lo que nos esperará cuando se discuta y apruebe la Ley de Ordenamiento y Gestión del Territorio, con la que nuestros diputados prometen crear las jefaturas de gobierno regionales, que ya fueron rechazadas el 2 de diciembre de 2007, que también serán designadas a dedo y que tendrán facultades de gestión por encima de los actuales gobernadores.

Los ganchos y jap’s que nos están lanzando, están dirigidos a darnos en el hígado para debilitarnos y no podemos negar que los correspondientes a esta Ley y en especial, a la sentencia a los comisarios y policías metropolitanos, nos llegaron muy, pero muy, cerca. Pero, aunque que nos tengan acorralados en las cuerdas, nuestra única salida no es precisamente darnos por vencidos, dejarnos “nockear” y mucho menos tirar la toalla.

Todavía nos queda mucho de este asalto y una larga pelea. El tiempo de desplazarnos en el cuadrilátero, mientras conocíamos al contrario, ya pasó, ya lo atacamos con estrategias equivocadas y perdimos terreno, también lo bailamos por todo el “ring” y le demostramos que podemos crecer progresivamente en la pelea. De eso se trató el triunfo del 2D y el del 23N –por eso su prisa en llevarnos al 15F. Incluso, de eso se trató parte de lo que sucedió con la enmienda –de hecho numéricamente crecimos, como es posible leerlo en los resultados del 15F- y por eso la prisa en su actual estrategia de ataque.

Es por esta razón, por la que no se puede asumir que, aunque nos tengan acorralados contra las cuerdas y eso sea obviamente signo de una situación desventajosa, estamos perdidos o realmente debilitados. Un boxeador acorralado, también puede usar estratégicamente las cuerdas para protegerse, para cubrir la espalda y esquivar, con rápidos movimientos y cuerdas mediante, algunos de los golpes propinados por el oponente, lanzando, en el momento propicio, unos ganchos que le permitan iniciar su contraataque.

Para muestra un botón: Muhammad Alí utilizó el apoyo en las cuerdas como parte de una magistral estrategia de defensa[2] que le permitía resistir y preparar un rápido y demoledor contraataque. Entre otras peleas, “el más grande de todos los tiempos”, derrotó con esta estrategia a George Foreman en el histórico combate celebrado en Zaire el 30 de octubre de 1974, que es por todos recordado como “el combate del siglo”. En esta pelea, Alí, habiendo pasado la mayor parte del octavo asalto contra las cuerdas, esquivó el último ataque de Foreman, para salir con el contraataque que hizo que su contrincante terminara en la lona.

Aunque parezca duro, es obvio entonces que, en la posición en la que estamos, en lugar de sentirnos derrotados o dejarnos ganar por la desesperanza, tenemos que aprovechar las ventajas de tener la resistencia de las cuerdas a nuestras espaldas, y a nuestro oponente prácticamente encima tratando de propinarnos la mayor cantidad de golpes posibles, para hacer gala de nuestra fortaleza e inteligencia y, al más propio estilo de Alí, defendernos y resistir hasta salir airosos de este combate.

Olga Ramos

07 de abril de 2009

olgaramos62@gmail.com

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[1] Gracias a la intervención con la que se dio el cierre a la discusión, de la diputada Desiré Santos Amaral, es posible comprender parte de la lógica que origina este fraccionamiento. Para la diputada, Caracas, la que “ella defiende”, es la “ciudad de las 22 parroquias”, la ciudad en la que “cada esquina tiene una historia y un significado”, el resto, no es Caracas. “Petare es Petare” se le escuchó decir a viva voz en el Hemiciclo, por lo que está muy claro que Baruta es Baruta y por tanto, todos sus habitantes, de un plumazo, dejamos de ser habitantes de Caracas. Menos mal que nací en la Parroquia El Recreo y puedo seguir sintiéndome orgullosamente caraqueña de nacimiento. Lástima que la mayoría de caraqueños, millones de ellos, por cierto, no podrán decir lo mismo a partir de mañana o pasado mañana cuando la Ley salga publicada en Gaceta Oficial.

[2] Estrategia que Alí denominó con el término “rope-a-dope” en una de las entrevistas que le hiciera Howard Cosell

viernes, febrero 27, 2009


El reino de la mediocridad / Olga Ramos

Anoche, tuve la fortuna de leer un escrito de mi amiga Lidia titulado “esto no pasa en Luxemburgo” que cargado de un optimismo sin igual, nos invita a valorar las maravillas de vivir en Venezuela y asirnos de ellas para sobrellevar muchos de los problemas que nos aquejan. Imagino que muy pronto, todos tendrán la oportunidad de contagiarse de ese optimismo, porque seguro que Lidia lo colocará como una nota en facebook.

Ese relato ayer, hoy una interesantísima conversación con tres talentos universitarios que se han dedicado a pensar en una educación superior diferente y un maravilloso conversatorio con la excelente soprano Mariana Ortiz, organizado por la gente de Mundo Sonoro, así como muchos de los detalles que cotidianamente me regala la vida, me hacen creer que con el optimismo que trata de contagiarnos mi querida Lidia es suficiente para transformar al país que tenemos. Algo así como una especie de práctica medio zen que sugiere que enfocando nuestra atención en las cosas positivas y haciendo énfasis en ellas, el resto de la vida se contagia y termina produciéndose el, tan deseado, proceso de transformación.

Me encantaría dejarme contagiar por completo por el optimismo de mi amiga Lidia y adoptar esa especie de filosofía de vida. Sin embargo, es inevitable, como hoy, bueno, como todos los días, el que la hermosa y optimista dimensión de la realidad de la que tratamos de asirnos, sea abofeteada por, al menos, una dura y cruda manifestación de mediocridad y es entonces, cuando tenemos que asumir que sin la otra cara, que sin escudriñar nuestros defectos y trabajar para salir de ellos, la filosofía del optimismo se pierde irremediablemente en el reino de la mediocridad.

Y es que el reino de la mediocridad se manifiesta de muchas formas y por todas partes. Una de las más usuales y comunes, es mirar la paja sólo en el ojo ajeno y criticar descarnadamente y muchas veces, superficialmente al otro, condenándolo sin siquiera pensar que podemos estarnos viendo, como en un espejo de aumento, y apreciando como ajenos, aquellos defectos que nos son propios, sin que medie en el proceso ni siquiera un ápice de reflexión.

Nos quejamos del afán de Chavez por imponernos una forma de pensar y de ver la vida, nos quejamos de sus prácticas intimidatorias y autoritarias, nos quejamos de la superficialidad de sus análisis, de su manía destructiva, de su estrategia excluyente, divisionista y maniquea, de sus tácticas para sembrar y exaltar el odio como instrumento político, del menosprecio por el otro y de su indolencia. Nos quejamos de su excesivo aprecio por una cámara y una cadena. Nos quejamos de la exacerbada corrupción que se aprecia en el gobierno, de la falta de preparación y de la improvisación de los funcionarios, de la baja o mala calidad de los productos y propuestas que al país presentan, de su manejo aplastante y despiadado del poder, del reiterado uso de la máxima “el fin justifica los medios”, de la impunidad y de la desfachatez con la que cometen sus fechorías y de la falta de criterio. Nos quejamos de los que apoyan al gobierno y a Chavez por su supuesta ignorancia y ceguera, por su apego al liderazgo mesiánico y por la facilidad con la que “se venden” y los menospreciamos por ello, pero también por su origen, y hasta por su escasa formación.

Pero no sólo de ellos nos quejamos, nos quejamos de los radicales de nuestro lado, de los inmediatistas, de los que buscan una salida fácil, de los que también les encanta un micrófono y una cámara y abusan del poder cuando les llega, así sea insignificante. Nos quejamos de los que sacrifican la organización y la generación de acuerdos por el efecto mediático, de los que se llevan por los cachos a quién se atraviese con tal de lograr sus particulares propósitos, de los que se creen propietarios de la verdad o se sienten iluminados, también de los que se hacen la vista gorda para “evitarse problemas” y de la falta generalizada de exigencia y de calidad. Nos quejamos de la falta de formación y la superficialidad de nuestros políticos, de su falta de constancia y perseverancia, de la ausencia de estrategias, objetivos y metas, de la falta de transparencia en sus actos, de su apego al poder y de las agendas ocultas, del maniqueísmo, de la manipulación y de la mentira. Nos quejamos de que no reconozcan sus errores y de que no rectifiquen. Nos quejamos de los funcionarios públicos “que no se sacrifican por la patria” y que “se conforman con un bozal de arepas”. Nos quejamos del que no nos escucha y del que nos critica cuando nos expresamos, del que no es capaz de negociar o dar su brazo a torcer cuando sabe de más que no lo asiste la razón.

En fin, nos quejamos porque nos creemos mejores, sin preguntarnos, ni por equivocación, cuántos de los defectos que apreciamos en ellos, -en todos, en los que sólo por ser diferentes a nosotros nos generan ruido, nos molestan o nos atemorizan- como nuestro espejo de aumento, están presentes en nuestras prácticas cotidianas, así sea de forma incipiente o pequeña. Nos quejamos sin hacer un esfuerzo por mirar más allá de las apariencias y tratar de comprender lo que pasa y especialmente de comprender a los otros, a aquellos que son diferentes a nosotros. Nos quejamos sin reflexionar tampoco sobre cuál es la responsabilidad que tenemos sobre lo que sucede y cuál ha sido y es nuestra contribución a la actual situación del país. Seguimos apegados a la idea de que Chavez y el chavismo son la causa de nuestros problemas y no una natural consecuencia. Seguimos apegados a la idea de que el origen de nuestros males está fuera de nosotros y que la responsabilidad es del otro.

Hoy, a 20 años del Caracazo y a 10 años de la llamada “revolución”, parece que no hemos comprendido el país que teníamos y que tenemos. Aún pensamos, como dice mi amiga Keta, que el mal es Chavez, que es un inesperado y desagradable tropiezo en nuestras vidas, una pesadilla de la que queremos despertar desesperadamente y de la que vamos a salir en algún momento para volver a ser como en el pasado, “cuando éramos felices y no lo sabíamos” –olvidando que en ese pasado, esa ansiada felicidad no era de todos, ni siquiera de la mayoría.

Al parecer, no hemos comprendido que efectivamente somos parte integrante del país que tenemos y responsables de todo lo que en él acontece, que el reino de la mediocridad también es nuestro y que para destronarla tenemos que mirarnos y reconocernos en el espejo, para comenzar transformando nuestras prácticas cotidianas… mirando hacia adentro.


Olga Ramos

27 de febrero de 2009

olgaramos62@gmail.com

lunes, abril 14, 2008


¿Burocracia con efecto retardado? / Olga Ramos



El pasado 3 de abril, el Presidente Hugo Chavez, desde el Consejo de Ministros y a través de las cámaras de Venezolana de Televisión, fijó su posición con respecto al nuevo diseño curricular que, en carácter de propuesta, está adelantando el Ministerio del Poder Popular para la Educación. En su intervención, el Presidente dijo que se trataba de una propuesta que apenas estaba en elaboración y que merecía una larga discusión. Instó a todo el país a expresar su opinión y a presentar sus propuestas, y hasta sugirió que el proceso terminara con un referéndum en el que pudieran participar todos y todas.

Sin embargo, a lo largo de esta semana, se han producido reuniones entre directivos de escuelas, docentes y representantes del MPP para la Educación en varias regiones del país, en las que los funcionarios del ministerio han anunciado que la estrategia de implantación del nuevo diseño curricular, que incluye la formación de los docentes en un curso que dura 300 horas y que se realiza en horas no laborales, se mantiene y que la instrumentación del nuevo currículo este año, es un hecho. Esto ha ocasionado justificadas protestas por parte de los docentes y generado preocupación al resto del país.

No entendemos qué parte de la intervención del Presidente fue la que no entendieron estos funcionarios, ya que es obvio que hacen caso omiso a lo que éste planteara el jueves pasado. Señor Ministro Adán Chavez, señores funcionarios del MPP para la Educación, el país tiene claro que el Presidente de la República comprendió que el proyecto adelantado por su despacho no está acabado y es imposible que se aplique en las escuelas sin una intensa discusión en la que participe todo el país y si no logra el consenso de la mayoría. El Presidente les dio tiempo para que enderezaran los entuertos de esta propuesta de diseño, para que la revisaran, mejoraran su calidad y la discutieran con el país. ¿Qué fue lo que no entendieron?

Dado lo que dijo el Presidente, lo que corresponde es paralizar las jornadas de "formación" de los docentes y abrir la discusión con el país. Y una vez que esté aprobada la versión final de diseño, es imprescindible que se reorganicen los cursos de formación, que se proponga una fórmula para realizarlos que no implique el sacrificio injustificado de los docentes y por supuesto, que se consigan facilitadores que manejen el diseño y que puedan responder efectivamente las preguntas de los participantes.

Frente a esta vuelta de timón del Presidente, el MPP para la Educación tiene que replantear su agenda y anunciarla al país lo antes posible. Ministro Adán Chavez, el país le exige que ponga las cartas sobre la mesa y que con transparencia explique públicamente la agenda de trabajo para la discusión, aprobación e instrumentación del nuevo diseño curricular.

Olga Ramos.

14/04/2008

sábado, enero 05, 2008


Ahora los afrodescendientes forman parte de la venezolanidad
/ Olga Ramos


Amigos, creo que Ustedes no han comprendido la noble intención del presidente cuando trata de rescatar las raíces africanas en la identidad Venezolana. Es una especie de desagravio a los canarios por la forma como fueron tratados en el decreto de guerra a muerte de Bolívar y, de acuerdo a los últimos datos obtenidos, pudiera convertirse también en una exaltación a los orígenes africanos de la etnia Caribe.

El presidente, noble en su condición de reencarnado del Padre de la Patria, en un momento de lucidez y reconciliación -porque no crean que lo de la reconciliación comenzó con la excelsa Ley de Amnistía, comenzó realmente cuando elaboró la excelentísima propuesta de reforma que el ingrato pueblo venezolano tampoco entendió y rechazó el 2 de diciembre- recibió una misiva de la Real Academia de la Historia de España, -enviada a través de su entrañable amigo el Rey Juan Carlos- en la que informaban que, finalmente, habían decidido aceptar las pruebas que demuestran que los Guanches -que son los aborígenes de las Islas Canarias- eran descendientes de la etnia Bereber, específicamente de los que habitan en la parte nor-occidental del continente africano. De acuerdo a estas pruebas, los Bereber llegaron a poblar esas islas en el siglo III AC.

Leída la reveladora misiva, el presidente entró en profunda reflexión y decidió que era hora de enmendar sus errores -en este caso, algunos de los cometidos en su encarnación como el Libertador- y decidió reconocer y reivindicar a los ancestros de nuestros ancestros canarios (valga la redundancia), por lo que desde ese momento se ha convertido prácticamente en política de Estado, la identificación de los rasgos y de la herencia étnica dejada en Venezuela, a través de los canarios, por los Bereber y su incorporación en nuestro acervo. Es importante aclarar que los miembros de la etnia Bereber, específicamente, la que pobló a las Islas Canarias, eran personas altas, rubias y de ojos azules. Del desconocimiento de esta información se desprende el primer error de quienes injustamente interpretan este esfuerzo del presidente.

Sin embargo, a raíz de esa profunda reflexión y de las acciones que realizadas en consecuencia, el presidente ha sentido el llamado de la sangre y también el del espíritu, por lo que, desde su encarnación de Guaicaipuro -porque si no lo saben, entérense: Guaicaipuro reencarnó en Simón Bolívar y este en Hugo Rafael Chavez Frías- comenzó a investigar el origen de nuestros ancestros, específicamente el de los Caribe, encontrando que algunos autores aceptan las teorías que vinculan o emparentan a los fenicios, los celtas, los vascos y hasta los pueblos precolombinos de América con la etnia Bereber.

Como verán, esta política que para algunos resulta descabellada y hasta ha sido tildada de racista, no es más que un noble intento por reconocer en nuestro acervo las raíces de quiénes tanto han hecho e hicieron por Venezuela y que injustamente fueron condenados a muerte por el Libertador -injusticia que, como todos recordarán, fue señalada por el mismo Bolívar al momento de enunciar el decreto- pero que también podría terminar haciendo justicia a los ancestros de una de las etnias indígenas fundamentales en nuestra historia libertaria y que, si las teorías que se manejan son aceptadas, podría hacer justicia también a todo el mestizaje que se ha producido en el país a partir de las diversas inmigraciones de árabes, europeos y descendientes de las múltiples etnias americanas que han llegado en las últimas décadas de los países vecinos. Así, una política que se ha condenado por su apariencia sectaria y excluyente, terminará, gracias al empeño ancestral de la etnia Bereber, convirtiéndose en el reconocimiento a la rica diversidad cultural y étnica de la que está compuesta la venezolanidad.

Ah, por cierto, para quiénes somos descendientes directos de los canarios, como es mi caso, nunca ha habido duda de que el empeño presidencial es en reconocimiento de que también formamos parte de la identidad de esta tierra de gracia. Iru, en tu caso tampoco cabe duda, pues te cuento que está reconocido y aceptado que los Vascos descienden de los Bereber.

Una cosa más. Debo reconocer que, desde que comenzó este gobierno, me ha preocupado profundamente que este ha utilizado una concepción de identidad nacional estática y anacrónica que solamente reconoce como acervo de la venezolanidad el existente durante el período precolombino y para algunas cosas se extiende hasta 1830. Sin embargo, este empeño del presidente en rescatar nuestras raíces africanas, transforma esa visión para convertir la concepción de identidad nacional en una de las más avanzadas y eso, me tranquiliza, porque es un paso importante para reconocer la inmensa diversidad cultural de un país que, de acuerdo a sus estadísticas, es en un 44 % binacional. Esto nos ayudará a comprendernos mejor y a sembrar las bases para un nuevo entendimiento en Venezuela.

Olga Ramos

05/01/2008

olgaramos@cantv.net

viernes, diciembre 21, 2007



2007: un balance muy educativo / Olga Ramos
Asociación Civil Asamblea de Educación

2007 ha sido un año de mucha intensidad para Venezuela. En el sector educativo, el año nos recibió con dos importantes noticias: el nombramiento de Adán Chavez como nuevo Ministro de Educación y el lanzamiento del Motor Moral y Luces como uno de los impulsores del avance del país hacia el Socialismo del Siglo XXI. Con estas dos noticias parecía abrirse una nueva etapa en la política educativa, cuyo signo había sido adelantado en agosto de 2006 por el propio Isturiz, cuando lanzó la máxima programática: "estamos ideologizando, ¿Y que?"

El hermano del presidente, el llamado a concretar las tareas difíciles del gobierno, su hombre de confianza, resultó ser a la vez, Ministro de Educación y cabeza de la Comisión Presidencial para instrumentar el tercer motor, el Moral y Luces. Llegó ofreciendo, en el marco del que entonces se denominaba "Proyecto Nacional Simón Bolívar 2007-2021, dar continuidad a las políticas iniciadas por Isturiz, aunque aclarando que esta nueva etapa tendría un acento curricular. El contenido y orientación de dicho "acento" comenzó a tejerse en distintas declaraciones e intervenciones tanto del Ministro como del Presidente, quiénes en una suerte de juego del acertijo, comenzaron a revelar las bases y propósitos de los cambios.

Por una parte, bautizaron al Motor Moral y Luces con el eslogan "educación con valores socialistas" y anunciaron que su propósito era la promoción de la educación popular más allá de las escuelas, con el objeto de subsanar uno de los problemas más graves del proceso revolucionario, la ausencia del compromiso ideológico de sus partidarios con el ideario y la "ética" socialista. Este motor arrancaría con la producción de materiales y la organización de grupos de facilitadores que serían los encargados de promover el debate sobre estas ideas, en las plazas y empresas.

Por la otra, se comenzó a hablar de reforma curricular, anunciaron que ésta se basaría en el pensamiento de Simón Bolívar, el de Simón Rodríguez y el de Ezequiel Zamora y que con ella se pretendía formar al "nuevo republicano", al que respondería al "socialismo del siglo XXI", sustituyendo, según palabras del propio Ministro, "la pedagogía de formación capitalista por un sistema de educación socialista". Desde el mismo mes de enero, esta iniciativa arranca con la realización de un seminario con los Jefes de las Zonas Educativas para dar a conocer y debatir esas directrices, y con la solicitud, por parte de la ciudadanía, de que se aplicara el artículo 62 de la Constitución Nacional –que garantiza el derecho de todos los venezolanos a participar en la elaboración, gestión y evaluación de las políticas públicas y obliga al Estado a facilitar esa participación- y se abrieran espacios de participación real para debatir ese y otros de los temas que conformaban la política educativa del gobierno en el momento. Esto se hizo, el día 20, en la Plaza Brión de Chacaito, en una manifestación organizada por la Asamblea de Educación.

Por su parte, la Asamblea Nacional no tenía claro si el Proyecto de Ley Orgánica de Educación, cuya discusión se había iniciado 6 años atrás, iba a ser desarrollado por ellos o por el Presidente en el marco de la Ley Habilitante, por lo que un día anunciaban que retomarían el trabajo para aprobarla en segunda discusión y al siguiente, decían que no.

El año transcurrió entre jornadas, discursos y anuncios gubernamentales y entre reacciones, denuncias y exigencias por parte de los ciudadanos. De ellos, cabe resaltar:

La promulgación en marzo y abril, de sendos decretos, el 5.246 y el 5.287, en cuyo articulado, artículos 16 y 27 respectivamente, se echa por tierra, de un plumazo, sin consulta, incluso, sin notificación, una de las razones de ser del Proyecto de Escuelas Bolivarianas, la ampliación de la jornada escolar a jornada completa. Es importante recalcar que esta no es una característica más de este modelo de escuelas, algo que se puede tener o no, sin que afecte los propósitos que justifican la creación de las mismas, sino que se trata de una de sus características fundamentales.

Gracias a la jornada completa se pueden incorporar dos aspectos, que conjugados, persiguen mejorar la equidad en el funcionamiento del sistema escolar. Estos aspectos son: la atención integral, que incluye alimentación, atención en salud y actividades complementarias de apoyo al proceso de aprendizaje, tres elementos que inciden en la generación de igualdad de oportunidades entre los estudiantes; y la formación integral, que se da a partir de la ampliación de los contenidos y actividades, académicas y extra-académicas, y de la incorporación de esquemas de trabajo y de organización de los contenidos más flexibles, que son posibles en un régimen de jornada completa, tanto porque el docente está a tiempo completo en la escuela, como porque la escuela cuenta con más tiempo para organizar el trabajo. Sin la jornada completa las escuelas no podrán desarrollar el modelo previsto en el Proyecto de Escuelas Bolivarianas y por tanto, no podrán ser denominadas como tales, a pesar de lo que se establezca en esos dos decretos.

Por cierto, este año, una vez más y para no perder una costumbre iniciada por Isturiz, se anunció que el próximo año, en este caso, el 2008, todas las escuelas serán Bolivarianas. Lamentablemente, como en años anteriores, esta oferta no fue acompañada de un plan de acción y con presupuesto asignado y comprometido que permita, realmente, concretar o alcanzar dicha meta.

El hallazgo de algunos investigadores, quiénes basándose en las propias estadísticas del Ministerio de Educación, revelaron al país que este año se presentó una fuerte disminución de la matrícula escolar y que en los primeros grados de Educación Básica se registraban menos estudiantes inscritos que nueve años atrás. Esto significa que la ilusión de inclusión que el gobierno nos ha vendido desde su primer año de gestión, ha quedado trágicamente desmontada con sus propias cifras.

Las denuncias de los diversos intentos del gobierno por llevar a cabo su propósito de "adoctrinar" a la población, revelan que los componentes más importantes de dichos esfuerzos, son el culto a la persona del Presidente, una nueva lectura de la historia de Venezuela y un juego manipulador y maniqueísta de las ideas asociadas a los modelos capitalista y socialista. Así, el país pudo presenciar, a lo largo de todo el año, una basta muestra de materiales, entre documentos y presentaciones gráficas, que constituían los "panfletos" para el proselitismo político de la revolución. Muestra en la que el poder legislativo, que no pudo estar ausente, tuvo su actuación estelar en las declaraciones de la Presidenta de la Comisión de Educación de la Asamblea Nacional cuando propuso que se incluyera en los programas, el estudio del "pensamiento" del Presidente de la República. Una pincelada que apunta a convertir el promovido culto a la persona, en nuestra propia "religión política".

La realización de jornadas de "socialización" de la estructura curricular que caracterizaría al "Sistema Educativo Bolivariano" y de "formación docente" en los "fundamentos de la Educación Bolivariana y de la formación del ciudadano del siglo XXI". Esta última, una jornada diseñada para desarrollarse en 300 horas, fue el abreboca o la primera edición de lo que se esperaba que todos los docentes cursaran, de forma obligatoria, para que estuvieran preparados para desarrollar el nuevo diseño curricular. Jornadas de "socialización" o de "formación" fueron el escenario del que se ha valido el gobierno desde el principio de año y hasta la fecha, para presentar a una parte de los docentes las ideas que sustentan al cambio curricular y que desde octubre en adelante, han sido el escenario de "validación" del "nuevo diseño", de acuerdo a los anuncios hechos por el propio Ministerio.

Y este último punto nos lleva a uno de los momentos más memorables de este año que termina: el anuncio del inicio de la implementación del nuevo diseño curricular en las escuelas. Este momento se compone de varias fases. La primera la protagoniza el Ministro quien, 12 días antes del inicio del año escolar, anuncia al país que el 16 de septiembre, en la víspera del inicio de clases, presentará, a su hermano, el Presidente, el nuevo diseño curricular, quedando establecido así que: a) el nuevo diseño curricular comenzaría a instrumentarse desde el inicio del año escolar 2007-2008; b) ni los maestros, ni las escuelas, tendrían la oportunidad de conocer previamente este diseño y mucho menos de ajustar su planificación a los nuevos enfoques y contenidos; c) el Ministro, como efectivamente debe ser, trabaja para su hermano, y por tanto, es a él a quién debe presentar los nuevos programas y no al país a través de una detallada exposición pública y d) la elaboración y aprobación del nuevo diseño no contaría con la participación y discusión de otros actores de la sociedad que no sean los elegidos por el Ministerio y el gobierno, es decir, algunos de los funcionarios y algunos de los docentes, quiénes realmente no participaron en este proceso, sino como público o en el mejor de los casos, como "validadores".

En el marco de esta primera fase y en carta abierta al Ministro de Educación, exhortamos a ese despacho a reconsiderar este anuncio y a posponer la aplicación de nuevo diseño curricular en las escuelas, hasta que, mediante aplicación del artículo 62 de la Constitución, se abriera un proceso de difusión y discusión del mismo, como propuesta, para recoger sugerencias y observaciones de los profesionales de la educación, de las comunidades educativas y de todos los sectores del país que quieran participar, y que, una vez enriquecidos por este debate, sean aprobados y presentados en versión definitiva con el tiempo suficiente para que las escuelas y en especial de los profesionales de la educación, puedan prepararse para su instrumentación en el siguiente año escolar.

La segunda fase de este momento estelar, la protagonizan el Ministro de Educación y el Presidente de la República en la cadena matutina que, el 17 de septiembre, con motivo del inicio de clases, se trasmite al país. En ella, el Presidente, material en mano, explica los pilares en los que se sostiene el nuevo diseño curricular y reitera el anuncio hecho en enero, en el que se establecían algunos de los fundamentos del "Sistema de Educación Bolivariana" y presenta su nueva estructura adelantada de contrabando en uno de los decretos aprobados en el segundo trimestre del año. Los pilares, añadido de última hora a este nuevo diseño, tal como reza en los documentos que, previamente a estos anuncios, se habían colado por los caminos verdes; así como el estudio del material que, en el silencio de la madrugada del 17, hizo el Presidente, fueron condición necesaria para que, final y oficialmente, saliera a la luz pública alguna información sobre el esperado nuevo diseño con el que se concretaba el "acento" curricular de la nueva etapa de la política educativa iniciada en enero.

Al inicio del año escolar, los anuncios conjugaban las mencionadas características del diseño, con otras medidas como la creación de un examen nacional diagnóstico que permitiría medir el nivel de conocimientos de los estudiantes al inicio del año escolar; la evaluación de los textos educativos presentes en el mercado, con el propósito de elaborar una lista de libros que, por ajustarse a los requerimientos del nuevo currículo, serían de uso recomendado por el Ministerio de Educación; el cambio de huso horario con el que se beneficiaría el desarrollo de los niños; y la elaboración, por parte del Ministerio de un texto único, ajustado al nuevo diseño y de uso obligatorio, que comenzaría a utilizarse en las escuelas a partir de enero de 2008.

La tercera fase del momento más memorable del año que termina, resulta un tanto difusa y quizá un poco difícil de reconstruir y caracterizar, debido a que probablemente aún no termina. Esta fase incluye una modificación progresiva del momento y el ámbito de aplicación del nuevo diseño que pasó de ser de implementación nacional a partir del 17 de septiembre, a implementación progresiva que se comenzando en las Escuelas Bolivarianas durante el año 2007-2008 para ampliarse luego al resto del sistema educativo, y la versión recién salida del horno, anunciada en estos días por el propio Ministro, que dice que la elaboración del nuevo diseño curricular terminará en enero, seguidamente se someterá a validación para ser ratificado en abril, con lo que se dará inicio a la formación de los docentes y finalmente, será implementado en escuelas públicas y privadas a partir del año escolar 2008-2009.

Esta interesante y novedosa versión del momento y el ámbito de aplicación del nuevo diseño, permite explicar algunos misterios, el primero de ellos el del propio diseño curricular que, de acuerdo al ofrecimiento de la cadena del 17, estaría el lunes siguiente en las escuelas, pero que hasta la fecha no ha hecho su aparición, a pesar de que, la sección inicial, donde se presentan los elementos de estructura y fundamentación del sistema, se puede bajar desde finales de septiembre de la página del Ministerio. Claro está, una parte del misterio que no se explica es cuáles eran los documentos del nuevo currículo que el Presidente exhibía y hojeaba orgulloso, el día de la cadena de inicio de año escolar.

Por otra parte, la novedosa versión, si permite explicar la ausencia de la lista de textos recomendados por el Ministerio, ya que difícilmente pudo haber sido elaborada con base en un diseño que ahora sabemos que no está listo y que será realmente terminado el próximo mes de enero. Y por esa misma razón, nos llama la atención el contenido y justificación de las diversas jornadas, en algunos casos de capacitación y en otros de validación, que de acuerdo a la información suministrada por el Ministerio se han desarrollado, prácticamente a lo largo de todo el año.

Así pues, llegamos a Diciembre y pasada la tensión de referendo, al hacer un balance de lo sucedido en el sector, encontramos que el "acento" curricular que el nuevo Ministro quiso imprimir a la política educativa en esta nueva etapa, hizo que la discusión se centrara en torno al sesgo ideológico que se quería y quiere dar al nuevo currículo. Que éste, a pesar de todos los anuncios, aún no está listo ni podrá implementarse en las escuelas hasta el próximo año escolar. Sin embargo, aunque por ello, el Ministerio se encuentre a tiempo para presentarlo al país y abrir un proceso de consulta realmente participativo, este no parece comprender el significado de palabras como participación y consulta. Al respecto, queremos recordarle al Ministro y a buena parte de los funcionarios de ese despacho, que validación y consulta son términos con significados muy diferentes y que participar implica formar parte del proceso de diseño y discusión, tener voz en él e incidir en el resultado final. No se trata de ir a escuchar "charlas" que, al parecer, es lo que Ministro cree que hay que hacer.

En cuanto al Motor Moral y Luces, si tomamos como referencia los resultados del referendo para la reforma constitucional y le sumamos el análisis que hacen algunos de los partidarios del gobierno a raíz de los mismos, se desprende su aparente fracaso. No nos queda claro si se trata de un problema de diseño o de implementación, lo que si sabemos es que la población parece que aún no se "convierte" al socialismo, por lo que, al respecto, hay propuestas como la que adelanta Fundasucre que plantea la creación de la "Escuela de Formación Socialista Bárbaro Rivas", con la que se persigue promover que el pueblo conozca más el socialismo. Obviamente se trata de una versión diferente del tercer motor. La persistencia de este tipo de iniciativas y propuestas, evidencia que todavía hay muchos que no aprenden la lección que dicta el pueblo y se empeñan en estrellarse en el avión del adoctrinamiento, con el foco y la brújula lejos de lo que es importante para éste.

Terminamos el año, casi como lo comenzamos, sin avances notables en el "acento", con notables fracasos y fuera de foco en lo que es relevante para el sistema educativo. Mientras tanto, la exclusión amenaza con avanzar, las propuestas que promueven cambios de fondo se combaten, se dejan de lado, se modifican sin explicación, como en el caso de las Escuelas Bolivarianas, o, en el mejor de los casos, solo se les asignan migajas de esfuerzo y presupuesto. Lo que si cambió fue el huso horario aunque haya sido a última hora y con otro meridiano de referencia. ¡Ah! y la Asamblea Nacional también termina el año re-editando su amenaza de retomar la discusión de la ley de educación el próximo año.

Olga Ramos

21/12/2007

jueves, noviembre 29, 2007

Apuntes en torno al proceso de “reforma” constitucional / Olga Ramos

A esta altura, buena parte del debate que se ha desencadenado a raíz de la propuesta de reforma que presentó el Presidente Hugo Chavez ante la Asamblea Nacional y que, después de haber sido modificada por el poder legislativo, será sometida a referendo consultivo este domingo, se ha centrado en tres aspectos: la validez del mecanismo utilizado, el contenido del articulado propuesto y la acción de lucha más efectiva para quiénes se han declarado en desacuerdo tanto con el contenido, como con el mecanismo utilizado.

Mi reflexión, no va dirigida, sino tangencialmente a alguno de estos aspectos. Esto es así, porque creo que, antes de que se efectúe el referendo consultivo, es necesario colocar algunas cosas en su lugar.

La Constitución de 1999 no es la mejor Constitución del mundo

La primera de ellas, es que, a diferencia de lo que, en más de una oportunidad, han expresado públicamente diversos voceros de la oposición y del oficialismo, para fundamentar su desacuerdo con la propuesta de reforma, creo la Constitución de 1999 no es, ni puede considerarse, como la mejor Constitución del mundo.

No lo es, porque a pesar de que su texto incluye quizá el mejor articulado que en términos de Derechos Humanos podríamos aspirar, no podemos olvidar que esta Constitución establece, entre otras, un sistema profundamente presidencialista y centralista, dando al traste con los esfuerzos de descentralización política que se venían adelantando en Venezuela. Además, sería hipócrita negar o ignorar, a esta altura, que el texto vigente tiene muchos vacíos e incoherencias que hacen difícil su interpretación y que, en muchas oportunidades, nos ha dejado a merced de la arbitraria interpretación de personeros del gobierno o de los magistrados del TSJ. Y finalmente, tenemos que recordar que, a pesar de haber sido producto de un proceso constituyente y refrendada por un referendo consultivo en el que podía participar todo el electorado, la misma nació marcada con el signo de la exclusión y muchos habitantes de esta tierra, tienen sobradas razones para no sentirse identificados con importantes partes de su articulado.

Sin embargo, como muchos hemos sostenido en diversas oportunidades, esta Constitución, la sancionada en 1999, en este momento, constituye el marco normativo fundamental del país y por tanto, como ciudadanos acudimos a ella y tenemos la responsabilidad de defenderla ante cualquier intento de violarla. Eso forma parte de nuestros deberes ciudadanos y de la vocación que deberíamos tener todos por respetar la institucionalidad existente.

Claro está, no se trata de una defensa ciega y a ultranza de la institucionalidad, si, por razones de principios, o de sus consecuencias prácticas, se demuestra que no es la mejor o que definitivamente no funciona. Por eso es que, frente a los defectos y aberraciones normativas que podemos encontrar en ella, como en cualquier texto legal, nuestro deber es ser críticos y proponer su modificación. En este punto, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que ese fue el motivo que movió tanto al presidente como a los diputados para proponer los cambios que serán sometidos a referendo el domingo. Pero, obviamente, haciendo la salvedad de que también estamos más que seguros de que los arreglos que, en buena parte, ellos pretenden, distan mucho de los que aspira la mayoría de la población venezolana.

Dicho esto, surge un par de preguntas que creo que es imprescindible que todos nos hagamos: Si tuviéramos que hacer modificaciones a la Constitución de 1999 ¿qué le cambiaríamos? ¿se trataría de algo que pudiera resolverse mediante una reforma o los cambios son de tal tenor que requerirían un proceso constituyente? Estas preguntas debimos comenzar a responderlas desde hace mucho tiempo, pero nunca es tarde para hacerlo, ya que su respuesta nos permite, como sociedad, abrir espacios de diálogo, comprensión y entendimiento, entre todos, especialmente con quiénes creemos que podemos tener las mayores diferencias y a partir de ellos, identificar posibles terrenos donde es posible establecer acuerdos. Ambos elementos, indispensables para ayudarnos a salir del atolladero en el que, como país, estamos metidos.

La lucha de oficialistas, opositores y “ni-ni”, coincide en propósito

Lo segundo que hay que poner en su lugar, es el reconocimiento de que, más allá de nuestras inclinaciones políticas actuales, existe un propósito que nos debería unir a todos los venezolanos. Este propósito, que para muchos existía previamente al triunfo electoral de Hugo Chavez en 1998, y que para otros ha sido un descubrimiento de estos últimos años, pero que a todos nos inquieta cada día más, es: la salida de la profunda crisis social, política y económica por la que atraviesa Venezuela.

Y tenemos que reconocer que este es un punto de coincidencia que, a pesar de que cada quién analiza y aborda a su modo, constituye el motor, o uno de los motores, de la acción política tanto de los ciudadanos como de los políticos, de los tres grupos que se puede identificar hoy en Venezuela. Incluso de los que se decantan por “no actuar” o no involucrarse en la política, porque, entre otras, con la “no acción”, tratan de mantenerse al margen y por tanto, de no contribuir, a profundizar lo que, frente a sus ojos, está mal.

Si, aunque no nos guste escucharlo, en esto, coincide Hugo Chavez con Escarrá, Iris Varela con Ramos Allup, Freddy Bernal con Nixon Moreno, o como nos gusta escuchar más en estos días, Hector Rodríguez con Yon Goicochea, pero en definitiva, coincidimos o deberíamos coincidir todos con ellos.

Pero más allá de asumir que es nuestro punto de coincidencia, tenemos también que reconocer que es un propósito cuyo alcance, en la práctica, hemos emprendido desde hace ya muchos años, diversos grupos de ciudadanos, cada quién como ha podido y entendido y que, hasta el momento, ha producido, entre otras cosas:

  1. La fuerte crítica a la acción política de los partidos tradicionales, que contribuyó notablemente a su deslegitimación.
  2. La extensión de la acción ciudadana organizada que, desde los inicios de la democracia, se daba solamente en algunos sectores de la sociedad, en particular en los sectores populares. Extensión que fue posible gracias a la insurgencia de nuevas formas de organización y de acción ciudadana vinculada al ejercicio de los derechos políticos y que ha permitido, no solamente que esta se manifieste en los más diversos ámbitos del territorio nacional, sino que se exprese en aspectos que tradicionalmente no se reconocían como propios de la acción ciudadana.
  3. La producción y puesta en marcha desde el seno mismo del Estado, de iniciativas como la descentralización política y administrativa y la reforma del Estado y de los órganos de la Administración Pública.

Incluso, aunque a muchos se les olvide o no les guste reconocerlo, a esta coincidencia debemos el triunfo de Hugo Chavez en las elecciones de 1998 y su ratificación en procesos electorales posteriores. Triunfo que se origina, en muy buena parte, en la visión que muchos ciudadanos tenían, y probablemente aún tienen, de que la salida a la crisis en Venezuela, sólo es posible, de la mano de un líder que tenga la fuerza y la voluntad para “poner orden”.

No obstante, a pesar de que se trata de un propósito común para la mayoría de los venezolanos, en cuyo logro buena parte de la población ha puesto su empeño, hemos de reconocer que aún estamos muy crudos, que nos falta mucho para lograrlo. Esto, entre otras, es debido a que:

  1. La lucha no ha sido mancomunada, sino que se ha convertido en una disputa, entre sectores, por obtener el poder y mantener o ganar ciertos privilegios. Ante la necesidad de reconocimiento del otro y de inclusión, ha dominado un esquema de exclusión de quién piensa diferente. Esto sucede entre partidarios y contrarios al gobierno, pero también sucede a lo interno de cada uno de estos grupos.
  2. Los esfuerzos realizados por el actual gobierno, no han apuntado al fondo del problema, y sus prácticas, lejos de contribuir con los cambios necesarios, han reproducido y magnificado las formas de acción y los esquemas que, con mucha razón, hemos rechazado.
  3. Todos, en mayor o menor medida, hemos mordido la estrategia de la polarización y con muchas de nuestras actitudes y acciones, la alimentamos a diario.
  4. No hemos podido identificar bien cuáles son los problemas de fondo, no tenemos acuerdos sobre ello, pero además, hemos hecho una lectura superficial y parcializada de lo que sucede en el país que nos ha impedido también construir acuerdos mínimos sobre el país que queremos y toda salida a la crisis, está asociada por naturaleza, a la búsqueda de ideales de sociedad.

La reforma y su referendo son sólo el hito del momento

Lo dicho hasta aquí nos lleva a comprender el lugar que debemos darle a la reforma y el referendo asociado a ella. El proceso de “reforma” constitucional y el referendo consultivo sólo constituyen una coyuntura en la dinámica de vida del país y un hito en la lucha por sacar a Venezuela de la crisis que atraviesa.

Esta lógica nos obliga a preguntarnos ¿cómo incide la propuesta de reforma y el proceso emprendido en torno a ella, en la salida a la crisis que Venezuela demanda? Aquí, sin pretender ser exhaustiva, me atrevo a mencionar algunos efectos positivos y negativos que ha tenido el proceso de reforma para el país. Como efectos positivos podemos identificar que:

  1. El mecanismo utilizado, pero en especial el contenido de la propuesta, permitió que se expresara un espacio de coincidencia entre sectores que adversan al gobierno y sectores que lo apoyan. Espacio que puede servir como punto de partida para la identificación de los terrenos comunes de acuerdo a los que me referí al comienzo de este texto.
  2. Permitió que comenzáramos, de nuevo, a reconocernos unos a otros como actores válidos y necesarios, aunque esto todavía lo hacemos de forma muy oportunista e incipiente. Es decir, reconocemos al otro porque me beneficia su posición, no porque lo considero un interlocutor válido con el que debo y quiero sentarme a construir el país que queremos.
  3. Permitió también que los ciudadanos volviéramos a centrar nuestra atención en el país, que retomáramos nuestra preocupación sobre lo que en él pasa, pero lo más importante, que retomáramos el ejercicio de nuestra ciudadanía política.
  4. Permitió que se despertara e insurgiera un movimiento y un liderazgo juvenil, con planteamientos frescos, pero serios y profundos, que está marcando ciertas pautas éticas y políticas, no sólo en la oposición, sino también en los sectores que apoyan al gobierno.
  5. Por otra parte, permitió que se expresara una divergencia abierta y de planteamientos robustos en el seno de los grupos que apoyan al gobierno y que, de mantenerse allí, permitirá fortalecerlos que es algo también muy necesario para que la dinámica política del país cambie positivamente.
  6. Finalmente, permitió que se expusieran abiertamente ciertas prácticas e intenciones por parte del gobierno, que lo hacen más vulnerable frente a sus partidarios y más cuestionable nacional e internacionalmente.

Si nos referimos a los aspectos negativos que este proceso ha ocasionado, podemos citar:

  1. El regreso a la utilización, por parte de algunos sectores afectos al gobierno, de la violencia como mecanismo para dirimir las diferencias entre los venezolanos. Y la profundización de la utilización de los organismos de seguridad del Estado para reprimir injustificadamente a las manifestaciones que no favorecen a la posición oficial, construyendo así, en la práctica, un esquema de exclusión por razones políticas, absolutamente indeseable para Venezuela.
  2. En algunos sectores de la sociedad, se ha profundizado el odio y la polarización.
  3. La profundización de la lógica y las prácticas revolucionarias, así como el afianzamiento de un lenguaje y un simbolismo militar y de guerra. Y en este caso, no me refiero a la lógica revolucionaria desde la visión romántica que tienen algunos respecto a la promoción de cambios políticos de fondo y mucho menos a la visión asociada a los cambios de paradigma que se dan en la ciencia y en la tecnología; me refiero a la lógica revolucionaria acuñada por Lenín y desarrollada por el “Che”, según la cuál, y me perdonan la simplificación por razones de foco y espacio, frente al “Estado Opresor” (que es la naturaleza que reconocen que éste siempre tiene), se requiere crear un contra-poder (que en el caso del Che se identifica como un poder militar y por eso todo el impulso a las milicias y a la formación de los milicianos que se a emprendido desde el gobierno en los últimos años), para que, mediante el proceso revolucionario se destruya al Estado y se cree otro que permita imponer la construcción de la “Sociedad Socialista”. Y en esta lógica se habla de imponer la construcción de la sociedad socialista, porque desde la perspectiva de Lenín, la conciencia de la sociedad reside en una vanguardia intelectual –que sí sabe lo que nos conviene- y quiénes, a través de la acción del Estado, la inoculan a cada uno de los ciudadanos, creando así, al “hombre nuevo”.
  4. Y también hemos de apuntar que, por diversas razones asociadas, a sus características actuales, pero fundamentalmente al contenido de la reforma y a las amenazas que del mismo se infieren, los ciudadanos y los grupos que se encuentran en la oposición, poco han sabido aprovechar la coyuntura que nos brindó la propuesta de reforma para avanzar, efectivamente, en la construcción de una alternativa política, es decir, para organizarnos y articularnos, constituir una opción de poder –léase un liderazgo con validez y credibilidad- y una opción de proyecto para sacar de esta crisis a Venezuela y construir un país diferente.

Lo dicho en esta parte, se relaciona con el proceso que se desencadenó con la iniciativa de realizar una “reforma” a la Constitución vigente. Pero también es necesario hacer algunas consideraciones sobre el contenido del texto de la propuesta de “reforma”.

Tres aspectos clave de la propuesta de reforma

Hasta la fecha, muchas personas se han esforzado para analizar el articulado de la propuesta de la reforma y poder señalar sus defectos, amenazas y riesgos. En algunos casos nos han presentado análisis detallados y completos y en otras, se han enfocado en los aspectos que consideran más negativos o riesgosos. En mi caso, sólo pretendo hacer unas consideraciones sobre tres aspectos que considero clave y negativos de la propuesta de reforma. Estos son los siguientes:

  1. El aumento concentración del poder que tiene dos claras consecuencias: la primera de ellas es la expropiación a los ciudadanos del poder de decisión en los asuntos públicos, poder que actualmente le consagra el artículo 62 de la Constitución vigente y de la soberanía, que debe residir en el pueblo, por parte del Presidente de la república a través de un esquema que debilita a las instancias descentralizadas y establece la tutela presidencial de los Consejos Comunales; y la segunda es la invasión del ámbito público en el privado derivada de la excesiva reglamentación de asuntos propios de la vida privada y del ejercicio de la ciudadanía política y de los derechos sociales y económicos.
  2. La solución de cangrejos institucionales disfrazada mediante la creación de mecanismos paralelos. Esto se ve claramente en la fórmula mediante la cual se pretende dar rango constitucional a las misiones, creando una institucionalidad paralela a la administración pública con la pretensión de que esta tenga beneficios de gestión que no se encuentran en el funcionamiento de la administración pública existente. La creación de este sistema paralelo, además de hacer más engorroso y costoso el funcionamiento del Estado, esconde la incapacidad de este gobierno por promover reformas en la administración pública que permitan mejorar efectivamente su funcionamiento.

Otro ejemplo que se puede citar en este caso y que está muy asociado a la expropiación del poder de los ciudadanos y de la soberanía, es la creación de un entramado de nuevas figuras político-territoriales, con el propósito de garantizar el control del Estado sobre los planes de desarrollo nacional y sobre la justa y equitativa producción del bienestar colectivo en el país. Esta “solución” esconde la incapacidad del gobierno central para coordinar y promover un proceso de planificación y desarrollo nacional, basándose en el trabajo del Consejo Federal de Gobierno y con el concurso de las instancias de gobierno descentralizadas que existen actualmente.

  1. La creación de una ilusión de inclusión que se esconde tras la promoción de esquemas excluyentes. En este caso nos referimos al condicionamiento que se hace del ejercicio de derechos y libertades ciudadanas, al asociar los ideales nacionales a la construcción de un sistema socialista. Pero también hacemos referencia a un aspecto poco mencionado en los análisis que sobre el texto de reforma constitucional se han hecho y es la forma como pretende consagrarse el denominado “derecho a la ciudad”.

Para quienes aún no tienen idea de a qué se refiere el mencionado texto con el “derecho a la ciudad”, les adelanto, en una primera pincelada, que se trata del establecimiento del usufructo y el disfrute equitativo de los derechos individuales y colectivos ateniéndose a los principios de sustentabilidad y de justicia social. Este es un derecho en el que diversos grupos han venido trabajando en foros internacionales, a raíz de algunos conceptos emitidos en la Cumbre de la Tierra que se celebró en 1992 y que ha tomado cuerpo en los últimos 5 años en el marco de la celebración del Foro Social Mundial y de otros encuentros internacionales y que actualmente cuenta con el apoyo de autoridades locales y nacionales de diversos países, entre ellos Venezuela y de agencias como Naciones Unidas, UNESCO y el Programa Hábitat.

Uno de los elementos que es importante tomar en consideración en el establecimiento de este derecho, es que en la carta que lo consagra se asumen como “ciudades” a todos los tipos de asentamientos humanos que existen, independientemente del tamaño y del rol estratégico que jueguen en los sistemas de ciudades de los países. Esto permite comprender que el desarrollo de este derecho, no pretende un trato justo e igualitario entre los habitantes de cada ciudad solamente, sino que plantea que es un derecho que debe ser desarrollado por igual para los habitantes de todos los asentamientos, corrigiendo así, no solamente la discriminación intra-ciudad, sino también, entre ciudades.

Sin embargo, cuando leemos el texto del artículo que consagra este derecho en la propuesta de reforma constitucional, encontramos que el mismo se consagra para todos los habitantes de una ciudad, pero con el condicionante de que las características de su disfrute dependerán del “rol estratégico” que la mentada ciudad juegue en el sistema de ciudades. Se trata, sin lugar a dudas, de una redacción que consagra constitucionalmente la inequidad en el disfrute de los derechos ciudadanos basada en la exclusión “estratégica” de los habitantes de acuerdo a la ciudad en la que residen.

¿Qué nos toca hacer ahora?

Más allá de lo que cada quién decida hacer este domingo, a los habitantes de este país nos corresponde convertirnos en verdaderos ciudadanos. La construcción de esta ciudadanía pasa por, al menos, dos cosas, un cambio de actitud frente al país y el asumir que el compromiso forma parte integrante y natural de nuestra condición ciudadana.

La nueva actitud, que en algunos casos ya comienza a evidenciarse, pasa por entender en primer lugar, que nuestro acción frente a lo que sucede en Venezuela no puede restringirse a aspectos meramente coyunturales, sino que tiene un horizonte temporal de largo plazo. Por lo que tenemos que entender y asimilar que nuestro propósito apunta a ayudar a sacar a Venezuela de la grave crisis en la que se encuentra y que por lo tanto, el 2 de diciembre no termina, sino que continúa nuestro trabajo. En este marco, lo primero que podemos hacer es una sincera y profunda reflexión individual y privada que nos permita saber si estamos dispuestos a comprometernos con un propósito tan exigente y de largo plazo; que nos permita saber si superamos el síndrome que ilustra la canción “muerto en Choroní” que refiere la actitud propia de quién cree que lo que sucede en Venezuela no es su problema y que lo único que pide es que lo “dejen en paz”; si lo único que queremos es sacudirnos una “molestia” o si, efectivamente estamos dispuestos a asumir el reto de construir un futuro diferente para el país y en consecuencia, determinar cuánto tiempo y esfuerzo podemos dedicar a ello.

En segundo lugar, el cambio de actitud pasa por asumir que nuestras acciones deben estar enmarcadas en una visión estratégica, lo que significa que todo lo que hagamos cotidianamente, todas nuestras pequeñas acciones políticas, deben estar enmarcadas y dirigidas a la consecución de nuestro propósito y para orientarlas, siempre debemos preguntarnos: ¿cómo incide esta acción o esta estrategia en la salida de la crisis? ¿fortalece o deteriora los espacios de diálogo, reconocimiento, entendimiento y comprensión entre los diversos grupos y en general, entre los ciudadanos? ¿contribuye a fortalecer a los actores políticos y a la dinámica que se da entre ellos? Pero esta visión estratégica también se expresa en que cada acción debe tener un propósito específico y una forma de saber si lo alcanzamos. Como pueden ver, se trata de ejercer nuestra ciudadanía política de forma crítica y consciente y de incluir, de forma permanente este ejercicio en nuestras agendas.

A esto debemos agregar que, en el caso de los ciudadanos que se identifican como parte de los grupos de oposición, también es pertinente que preguntarse: ¿cómo contribuye cada acción a la construcción de una alternativa política? ¿nos permite crecer en organización? ¿nos permite encontrar acuerdos y dibujar mejor un proyecto de país? ¿permite que se perfile un liderazgo robusto y sólido?

Por otra parte, asumir que el compromiso forma parte integrante y natural de nuestra condición ciudadana, pasa por entender y practicar la responsabilidad como norma de vida, lo que implica comprender que la posición y los propósitos que asumimos están asociados a la realización de unas acciones que nadie emprenderá por nosotros; que lo que hagamos o dejemos de hacer tiene consecuencias y tenemos que asumirlas como tales; que nuestro bienestar tiene sentido en el marco del bienestar colectivo y en consecuencia, debemos cambiar el foco con el que miramos al país y al bienestar que en él se construye, poniendo el foco en los espacios de convergencia de los intereses, en la identificación de aquellos aspectos que nos permitirán a todos tener efectivamente un buen vivir. El compromiso y la responsabilidad ciudadana también pasan porque hagamos ejercicios reales de convivencia que implican que seamos capaces de ponernos en los zapatos del otro para comprenderlo, que seamos capaces de aceptarlo tal cual es y también que seamos capaces de aceptarlo cuando piense diferente y que frente a ello, nuestra apuesta sea por la construcción de espacios de encuentro, diálogo y entendimiento con quienes tengamos efectivamente diferencias.

Y en este punto, no podemos evitar recordar que muchos llamados a la unidad se han hecho a lo largo de estos años. Sin embargo, estos no han tenido como consecuencia sino intentos fallidos, porque han tratado de imponerse en momentos en los que se consideraba estratégico exhibirlos; porque han sido demandados a la “dirigencia” o al “liderazgo” político, cuando no estaban sustentados ni siquiera en coincidencias identificadas en las bases de sus movimientos o en la población; y porque su contenido ha estado signado por la conveniencia frente al alcance de objetivos coyunturales y no por su pertinencia en la construcción de una alternativa de proyecto para Venezuela o en la búsqueda de la salida a la crisis que ella atraviesa.

Finalmente, con nuestras palabras y también con nuestras actitudes y acciones, tenemos la responsabilidad y el compromiso de construir un lenguaje y una simbología de paz que nos permita construir acuerdos efectivos y de fondo, contagiar a todos del entusiasmo por construir una salida para el país, pero también neutralizar las consecuencias negativas que la lógica revolucionaria ha venido implantando en Venezuela.

Olga Ramos

28/11/ 2007

olgaramos@cantv.net